Hacernos preguntas con inteligencia emocional, puede marcar una gran diferencia en la utilidad de las respuestas que obtenemos en nuestro habitual ronroneo mental.

¿Preguntas por qué?
La diferencia entre «por qué» y «para qué» en la inteligencia emocional.
Hace varios años, cuando estaba muy presente en las redes sociales y me dedicaba a la divulgación científica a través del arte, experimentaba yo unos episodios de alergia, de esos cuyos síntomas son oleadas de estornudos interminables.
Los especialistas coincidían (qué milagro) en que era alergia a los ácaros.
Así que me proponían una limpieza extrema de polvo que pudiese haber en mi casa, mi cama y en mi estudio.
Algo que me sonaba ridículo, ya que vivo en una isla a 180 kilómetros del Sáhara, seca, polvorienta y visitada asiduamente por la calima que fertiliza el Amazonas al otro lado del Atlántico.
Ninguno de ellos me habló de adaptación al medioambiente. Ninguno de ellos me habló de la homeóstasis (auto-regulación) ni de los motivos por los cuáles mi cuerpo podría estar rechazando a estos encantadores simbiontes como el que ves en la foto más arriba.
Así que como el paradigma desde el que trabajan estos especialistas, no coincide con el mío, solucioné mi alergia de otra manera:
La imagen que ves es de un «Concurso de belleza de Ácaros» que organicé en Facebook. La preciosura de la foto ha sido la ganadora en la votación de quienes participaron.
Pocas semanas después de haber acogido a los ácaros en mi corazón, ya que convivo con ellos no solo en mi piel, sino también en mi casa, en mi estudio y en los polvos que vuelan en esta isla, la alergia desapareció.
Recuerdo haberles preguntado a los especialistas:
-¿Por qué tengo alergia a los ácaros?
Y nunca, ninguno de ellos me respondió: «No lo sé». (Que hubiese sido la respuesta realmente útil).
Pregunta «Para» qué…
Y las respuestas te guiarán
Voy midiendo algunos parámetros en las sesiones de entrenamiento emocional y presto mucha atención a las preguntas que hacen los consultantes.
Las estadísticas muestran que la mayoría me pregunta: ¿Por qué me siento así?
Pero nadie en estos 30 años de sesiones, me ha preguntado ¿Para qué me siento así?
Y cuando hablamos de emociones, hablamos de la naturaleza. Y en la naturaleza absolutamente todo tiene un «para qué«.
En este maravilloso entramado de la vida, absolutamente todos los fenómenos que ocurren en la naturaleza, tienen un propósito, una contribución, un sentido.
Por lo que las preguntas con inteligencia emocional nos llevan a respuestas de sentido.
Formular la pregunta de una manera más coherente sería en este caso «¿Para qué me siento así?, y entonces encontraríamos una respuesta que realmente nos oriente hacia el origen y nos ubique en un camino hacia la solución del conflicto.
Preguntar con inteligencia emocional
Cambia tus por qués, en para qués y pronto sentirás la diferencia.
El error no es de los especialistas, no. Ellos van a lo suyo, que consiste en recetar corticoides y que dejes de estornudar. Algo que a muchos le facilitaría su vida cotidiana con los hermosos ácaros.
Pero yo voy encontrando soluciones a mis problemas con recursos que son más coherentes con mi propia visión sobre la vida, y aunque no coincida con la de los especialistas, a mí me va dando resultado ser fiel a mis propios paradigmas, basados en mi experiencia.
Volviendo a mis amados ácaros, me los mostraban como si fuesen mis enemigos, me sugerían erradicarlos de mi hogar con la aspiradora.
Sí, la verdad es que cuando los ves con un microscopio, parecen seres extraterrestres, podrían ser considerados «bellos» solo desde la mirada auto-proyectiva de un monstruo…
Sin embargo, mis estornudos me estaban mostrando que yo no me estaba adaptando bien al medioambiente en el que vivo, al rechazarlos.
Así que decidí «amigarme» con ellos, investigar cómo contribuyen a mi vida, y ofrecerles como retribución, un premio a su belleza.
¿Parece de locos verdad?
Sin embargo, la alergia desapareció. Y no es para seguir enredándonos en el por qué.
Sé que lo has entendido. Y si aún tienes dudas, este artículo NO es una indicación de cómo quitarse la alergia a los ácaros, yo no me dedico a la salud de las personas. Me dedico a activar los talentos y las capacidades que están bloqueadas.
Este artículo es una invitación a cambiar tus por qués, por preguntas con inteligencia emocional (sí, esa con la que has nacido y la que todos tenemos) y esas preguntas comienzan con un «para qué».
¿No era cuando teníamos 2 añitos de edad cuándo nos pasábamos el día entero preguntando el por qué de todo?
Esa función del «por qué» para que sean nuestros cuidadores de confianza los que nos orienten a andar por este mundo, debería de desaparecer naturalmente en la próxima poda neuronal. Pero a la educastración a la que estamos sometidos, le conviene que sigamos siendo niños inseguros e indefensos y que alguien con «autoridad» nos diga cómo son las cosas.
Ya, a esta altura de mi vida, no me cuela esa idea de que los ácaros son monstruos que vienen a atacarme en mi piel, mi casa o mi estudio, y que tengo que matarlos a golpe de aspiradora.
Si en cambio me pregunto para qué los ácaros andan en mi vida, no tengo más que amar a mis simbiontes que me ayudan a renovar mi piel, me limpian y me mantienen viva.
Te invito a los «para qués». Pruébalos, practícalos y me encantaría que me cuentes cómo te fue.
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