José Luis Domínguez

José Luís Domínguez es profesor, historiador y ex periodista nacido en Barcelona en 1965. Desde 1985 trabaja como docente en Formación Profesional reglada,  especializado en Tecnología Administrativa y en la implantación de Calidad ISO9001 en centros de enseñanza.

Ha sido, además, periodista de informativos en Cadena COPE y Diario 16 y articulista de opinión en Cadena SER dentro de la desconexión local del programa “Hoy por Hoy”.

Domínguez desarrolló, en la década de los noventa, una sencilla teoría sobre la formación de los sistemas complejos que muy pronto fue ganando adeptos en determinados círculos académicos españoles estudiándose su trabajo, en la actualidad, en las facultades de UNED y de la Universitat Illes Balears, entre otras.

Me interesó mucho su trabajo en la Revista Cooltura, sobre “La Comunicación en sistemas Complejos” y he decidido hacerle una entrevista.

Bianca Atwell:   -Háblame del modelo  isomórfico ¿qué es?

JLD:  La idea del isomorfismo en los sistemas complejos es algo que viene rondando desde hace décadas a la comunidad científica. De hecho Bertalanffy sentó las bases de ese principio cuando redactó su Teoría General de Sistemas allá por los sesenta. En pocas palabras viene a decir algo así como que todo sistema se compone de subsistemas idénticos sin solución de continuidad. Parafraseando a Margalef  “La naturaleza está hecha de sistemas dentro de sistemas, de manera indefinida”.

Lo curioso del modelo isomórfico es que ya se intuyó hace siglos. En la Tabla Esmeralda, un críptico tratado medieval atribuido a Hermes Trismegisto y al que el propio Newton dedicó muchas horas, se reflejan unas ideas idénticas a las de Bertalanffy: “…lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo, para realizar el milagro de la Cosa Única

Lo que le sucede a esta particular forma de ver el Universo es que es muy difícil de percibir dada nuestra visión tan limitada, subjetiva  y egocéntrica.

Por ello muchos pensadores, de la talla de Ortega y Gasset o Maxwell, siempre han propuesto usar la metáfora como elemento intelectual de interpretación de la realidad científica de forma abstracta.

La teoría que desarrollé en La Gran Metáfora (Vulcano Ediciones, 1998), y que he presentado en diversos congresos internacionales de Filosofía y Educación, trata de desentrañar el modelo básico subyacente de comportamiento común de todo SC ajustado a su medio. Sorprendentemente, todos responden a la misma pauta constructora, todos tienen una “fórmula común”.

Freud llegó a intuirlo cuando advertía: “no confundamos los andamios con el edificio”.

Bianca Atwell:  -El Neón y el Helio dices, “son autistas”, y me encantaría que nos hables sobre cómo se forman las moléculas y por qué se relacionan unas con otras, qué hay detrás que provoque que una partícula decida unirse de determinada forma a ciertas partículas y a otras no?  ¿Crees que existe una inteligencia subyacente para que las formaciones macromoleculares se realicen de determinadas maneras? ¿Hay una “intención” en cada partícula que determine su comportamiento de comunicación o enlace con otra?

JLD: Efectivamente, el Neón y el Helio son “autistas”. Es decir, no mantienen ninguna relación interesada ni con sus congéneres ni con su medioambiente porque están “completos”. Por lo tanto es imposible continuar con la construcción compleja usándolos como base.

Por oposición al autismo están, afortunadamente, el resto de SC’s que estamos en continua demanda de comunicación para satisfacer nuestras carencias en el momento en que descubrimos nuestra particular fraccionalidad. Sólo si estás “necesitado” construyes estructuras más complejas por cooperación interesada.

Por otra parte, no sé si se puede considerar “inteligencia” a la capacidad del Universo de  autoajustarse a un modelo común. Ni siquiera sé porqué ese modelo común y no otro. Pero lo que sí parece cierto es que, una vez provocado el Big Bang, y configurado un tipo de estructura básica en el diseño de los SC, el resto de SC’s creados posteriormente hemos imitado esas pautas a “imagen y semejanza”. La inteligencia, como señalo en el artículo ‘La comunicación en los sistemas complejos’ no me parece algo muy meritorio en el contexto universal. Es, simplemente, el instrumento natural que tenemos los humanos para continuar con la construcción sistémica del Universo en una dirección previamente determinada en la fórmula base. Pero puede no servir para nada, como a veces parece que sucede, y que “lo nuestro” sea el último grado de complejidad.

Bianca Atwell:   -¿A qué atribuyes la aceleración impresionante en los últimos años en el desarrollo de redes de comunicación entre la especie humana?

JLD:  El fenómeno comunicador como factor de cohesión entre SC’s carentes y, por lo tanto, dependientes unos de otros no tiene nada de sorprendente. Es un modelo común a todos los sistemas y a otras especies animales. Todo átomo, molécula o humano… lanza continuamente mensajes a su alrededor sobre lo que son (esta entrevista no es más que eso) y lo que necesitamos para sentirnos “plenos” y puede ser o no satisfecho por otros SC que, a su vez, necesita aquello otro que nosotros ofrecemos. Es la complementariedad de los opuestos. Tan habitual en muchas corrientes místicas.

Desde este punto de vista el fenómeno “internet” no es socialmente más extraordinario que el que se produjo cuando la creación de la red telefónica, la previa TSH (telegrafía sin hilos) o el correo pedestre. Es más, la Red de redes no es más que una vulgar imitación del imbricado tejido neuronal (no olvidemos nunca las metáforas para comprender este Universo) y tiene, exactamente, la misma función solo que en un plano de complejidad superior.

La novísima ‘cloud computing’ se está aproximando, inquietantemente, a una forma cerebral como centro almacenador de la información que se genera en la Red. Del almacén puro y duro a que esta cloud haga interpretaciones con esa información no hay más que un paso. Y de ahí a que modele su organismo en función de sus necesidades, otro.

Bianca Atwell:   Citas a Lacan, y con la idea de que el habla humana es el síntoma de una carencia… hasta de una enfermedad. ¿Consideras que el uso del lenguaje hablado ha sido una condena para el ser humano?

JLD: Jacques Lacan definió el habla como el primer síntoma de enfermedad mental del hombre. Para este gran pensador francés el humano se vio en la necesidad de articular sonidos con sentido abstracto, consensuado entre congéneres, para incorporar intelectualmente su propia realidad exterior que dejó de pertenecerle en el momento de su nacimiento como sujeto fraccionado, carente. Incorporaba (etimológicamente: “meter en el cuerpo”) de nuevo su exterior, de forma abstracta, para sentir esa plenitud perdida.

Efectivamente el lenguaje y los números (Arte y Ciencia) son síntomas inequívocos de la carencia del individuo. Pero, como desarrollo en LGM, son los elementos clave para continuar con la evolución progresiva de la complejidad.

Bianca Atwell:  -¿Qué significa para ti “educar” y cómo lo implementas en tus tareas como profesor? Es decir ¿Qué le pones a tu trabajo de ti mismo más allá de los programas oficiales a los que te ves sometido de aplicar?

JLD: Educar es transmitir sabiamente a SC más jóvenes algunas conclusiones a las que tu experiencia  te ha llevado en la confianza de que lo incorporarán a su particular visión de su realidad. Y eso se hace a través de esta entrevista, de un libro o de una conversación al calor de una chimenea. Lo de la Educación oficial es otra cosa. Es un adoctrinamiento no racional, impuesto, que busca como objetivo la sumisión del joven a través de una inmersión en un modelo rígido que ni siquiera está diseñado por los profesores, sino por los gobiernos. Y, por lo tanto, está condenada al fracaso pedagógico. Es muy triste comprobar cómo en España los institutos se acercan cada vez más al modelo carcelario (muros altos, verjas, controles de entrada, sanciones ejemplares, prohibiciones absurdas…) en lugar de acercarse a la escuela peripatética de Aristóteles, por ejemplo. Pero tampoco tengo muchas esperanzas depositadas en que las facultades de Pedagogía provoquen cambios sustanciales. Las universidades españolas, hoy en día, tienen otros objetivos más prosaicos que profundizar en temas que pondría patas arriba el triste modelo actual.

Bianca Atwell: –  Como analista de la historia…¿Un panorama a 360 grados de la situación actual de la humanidad?  ¿Cómo percibes los sucesos actuales?  ¿Hacia dónde crees que evolucionamos?

JLD: En 5.000 años no hemos resuelto los tres conflictos básicos sobre los que se asienta nuestra tensa existencia: la subjetiva e indemostrable presencia de imaginarios dioses paternalistas, el dichoso y biológico concepto de territorialidad y el egoísta principio de acumulación de riquezas.

Y, por sorprendente que parezca, aún somos incapaces de justificar científicamente lo opuesto para dar un salto cualitativo en la especie humana: prescindir de dioses, derribar fronteras y repartir riquezas.

Esta incapacidad humana por articular formas menos tensas de convivencia entre congéneres crea auténticos estados de confrontación entre grupos basado en peregrinas interpretaciones de la realidad de cada cual. Me recuerda el mordaz ejemplo que Swift usó en ‘Los viajes de Gulliver’ para justificar una guerra entre dos pueblos: la forma de cascar un huevo.

Eso pasa todavía hoy en día en la Humanidad: nos peleamos por irracionalidades que no pueden ser racionalizadas porque el grupo afectado “perdería su identidad”. El colmo de lo absurdo.

Sistemas Complejos. Entrevista a José Luis Domínguez.
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