En la actualidad se analizan en distintos medios las consecuencias de la crisis económica en el ser humano, una especie de análisis de lo que nos pasa, de lo que nos puede pasar.
Echo en falta en estos numerosos análisis de la situación, el estado psíquico de las personas ANTES de períodos de crisis y cómo éste deviene en un nuevo escenario.

Un trauma alimenticio puede llevarnos a la obsesión por someternos a dietas incontroladas o adquirir adicciones a métodos de vida extremos cuando intentamos satisfacer deseos que ni siquiera sabemos que tenemos.

Parece que nos hubiésemos olvidado que somos sociedades básicamente adoctrinadas en el consumo…y las sociedades de consumo “crían” adictos.

Es prácticamente imposible pertenecer a una sociedad de consumo y no tener una adicción, aunque ésta supuestamente no provoque desequilibrio en el organismo, porque el ser humano es básicamente un adicto. Nuestras células lo son. Cuando una substancia endócrina visita asiduamente a la membrana de una célula, ésta abre nuevos receptores específicos para esa substancia, en un intento de economizar energía. Para nuestro cuerpo, algo que es repetitivo termina automatizándose en favor del ahorro energético que conlleva el procesamiento de dichas señales.

A eso debemos agragarle el constante input de información de los medios, que necesitan incrementar el mercado de la “salud”, lo que en muchos casos deviene en un verdadero mercado de la enfermedad.

El principal obstáculo para que un adicto inicie su recuperación es la imposibilidad de aceptar que tiene un problema. Incluso la lectura de este mismo artículo te puede producir un rechazo debido a la naturaleza de “negación” que implica un proceso adictivo por parte del que lo experimenta.

En este artículo quiero destacar que una de las características de la adicción es el PENSAMIENTO OBSESIVO. Y ésto ocurre por un motivo muy claro: el cuerpo también es mente y por lo tanto pide su substancia impulsando al individuo a obsesionarse con ella para que vaya en su busca.

Creo que los especialistas deberían aclarar un poco más a qué le atribuyen diferencias entre una “adicción física” y una “psicológica” ya que cualquier pensamiento tiene su inmediata repercusión en nuestra biología. Ver la psiquis como algo separado del cuerpo es un tremendo error. Puede estar pasando que tu adicción solo te provoque síntomas supuestamente  psíquicos (como obsesiones) y por lo tanto no te des cuenta del daño que al mismo tiempo puede estar sufriendo tu cuerpo, ya que es implacablemente una unidad con la mente.

Muchísimas personas están cayendo en nuevas adicciones sin darse cuenta, y lo lamentable es que lo están haciendo a través de la búsqueda de la salud.

¿Buscar la salud autodestruyéndose?
Sí. Y es un caso muy común en nuestros días.

Lo que les lleva a eso es una sensación de inconformidad con su estado actual. No se sienten satisfechos de cómo son o cómo se sienten y entonces comienzan a probar todo tipo de dietas, tratamientos, escapes “espirituales”, relaciones nuevas, deportes de riesgo, inputs de información…

El problema es que en las sociedades en las que vivimos, la búsqueda de la salud para muchos se ha convertido en una obsesión.
En gran parte impulsada por un estado real de insatisfacción, y en gran parte lamentablemente por grandes campañas para crear ese estado y llevar al ser a consumir.

He leído testimonios de personas que llegan a auto-lesionarse de una forma espectacular. Dejan de comer o de beber (inedia y breatharianismo, pranayama), sometiendo al cuerpo a límites de supervivencia imposibles.
Es más, la gente los ve como héroes que han logrado una independencia pues ya no “necesitan” depender de los alimentos o del agua para sobrevivir…

El problema no radica en estas técnicas y filosofías en sí (puede que muchas personas logren hacerlo sin morir y además obviamente tienen sus beneficios) sino en el peligro que radica en su práctica en medio de la inconsciencia de una desesperada obsesión por “cambiar”.

Hay jóvenes que siguiendo las filosofías orientales espantosamente tergiversadas en su importación a occidente, se convierten en ascetas, viviendo solos en una montaña hasta que mueren porque el ser humano es naturalmente gregario y la aislación permanente lo lleva a la muerte.

Los trastornos alimentarios están a la orden del día. Muchas veces detrás de una captación del veganismo, se esconde una persona que tiene un trauma alimenticio por un suceso acontecido en su niñez, y de pronto se convierte en un militante intolerante que lo único que hace es fortalecer el rechazo INCONSCIENTE que tiene a alimentarse de determinada manera.
No quiero decir con ésto que practicar el veganismo sea algo enfermo, no. Que quede claro. Lo que estoy tratando de decir es que en estos ámbitos DE SALUD también encontramos obsesiones solapadas.

De pronto un amigo tuyo se ha interesado por el sungazing (abandonar los alimentos y alimentarse de mirar al sol), y comienza a practicarlo con todos los cuidados que conlleva el proceso, pero luego lo ves darse unas palizas tremendas de comida, porque en realidad su búsqueda estaba orientada a nivelar la ansiedad que le produce su adicción a la comida, por la cual siente culpa por estar obeso y no tener la figura de un modelo de Calvin Klein.

Lo que hace saltar la alarma de muchos terapeutas es la desesperación por la búsqueda del estado de salud a través de técnicas que en realidad producen un desequilibrio impresionante en el organismo.

Una forma de auto-lesión encubierta que tiene un mercado tan pero tan impresionante, que nos está llevando a obsesionarnos con “estar sanos”, con métodos que nos enferman y hasta pueden llevarnos a la muerte.

Lo más triste del asunto, es que estamos despreciando, ignorando y hasta descalificando, la propia inteligencia del cuerpo para auto-regularse (que es el principio básico de la vida).

La exposición permanente a los medios de comunicación favorece el desarrollo de pensamientos obsesivos.

La mirada está puesta en los medios de comunicación y la atención no está puesta en lo que se “siente”, que es la verdadera fuente que nos proporciona información de auto-regulación.

Al dejar de “sentir” las señales del cuerpo, los trastornos y el desequilibrio tienen un desarrollo facilitado por la insconsciencia, por la atención puesta en el exterior y no en el interior.

La necesidad imperiosa por satisfacer un deseo que ni siquiera sabemos que tenemos, nos lleva a tomar decisiones muchas veces extremas, que para nosotros tienen la apariencia de ser una búsqueda de un mejor estado de salud, justamente cuando vamos en el camino contrario.

Con el consumo de plantas enteógenas sucede en Europa, que muchos jóvenes comienzan a tomar brebajes que en su esencia son medicinales, pero que al producirle estados de conciencia alterados les ayudan a evadirse de la realidad. Luego comienzan a tomarlas con asiduidad, excusándose en la “búsqueda espiritual”. La incoherencia está en que las plantas medicinales son simplemente eso: plantas medicinales. Y utilizarlas asiduamente lleva a consecuencias en muchos casos irreparables.

La obsesión es un proceso muy difícil de detectar. Generalmente cuando aparecen los síntomas y la persona advierte que tiene pensamientos obsesivos, es porque ya el daño está avanzado.

Por ello, se hace necesario que sabiendo que vivimos en sociedades que propician los pensamientos obsesivos, intentemos ejercitar el autoconocimiento y prestar atención a lo que pensamos.

En un organismo equilibrado la mente fluye. No nos quedamos “enganchados” con ningún pensamiento en particular a menos que éste se refiera a la falta de alimentos, agua o al sexo, que son  necesidades básicas y en su abstinencia se presentarán como obsesiones. Eso es totalmente natural.

Pero cuando las obsesiones tienen su base en personas públicas, en la pareja, en la forma en que comemos, en el peso corporal, en una persona determinada, en un producto determinado…tenemos un problema que hay que solucionar.

La práctica de prestar ATENCION a lo que pensamos y hacemos (lo que le llamamos estar conscientes) se hace imprescindible cuando hablamos de SALUD.

Yo misma trabajo todos los días en mis adicciones. Tengo varias, como cualquier persona que ha vivido en entornos consumistas. pero soy muy consciente de que no puedo reducir la tensión que me provocan mis adicciones con métodos que lleven mi organismo al extremo.

De hecho, para incursionar en un proceso de abstinencia bien hecho, no se le impone al cuerpo el quite de la substancia de un día para el otro, sino que se buscan formas progresivas de ir reduciendo los receptores celulares hambrientos.

Así que más que buscar nuevos métodos y terapias para satisfacer obsesiones solapadas, es mucho más “sano” adquirir consciencia de cuáles son las necesidades creadas que se nos están imponiendo desde la publicidad, las tendencias y las modas, e iniciar un proceso de recuperación de nuestra verdadera naturaleza: la de organismos que saben auto-regularse cuando están con la ATENCION donde debe estar.

Obsesiones Solapadas.
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