El superorganismo humano

Hormiga de fuego (Solenopsis invicta) y la estigmergia.

Teniendo en cuenta que nuestro cuerpo está formado de millones de seres vivos que tienen un ADN no humano (miles de colonias de microorganismos que se incorporan a nuestro cuerpo desde fuera y se reproducen y comunican dentro) y que viven en simbiosis, sabemos hoy que este superorganismo que es nuestro cuerpo humano, se conforma y se conduce por la vida a través de miles de convenciones que hacen esos seres que nos forman, para un objetivo común:  que el cuerpo viva.

Esto podría bautizarse con el término estigmergia, (más aplicado al mundo de los insectos) y es la propiedad que tienen las colonias de seres vivos para ponerse a trabajar en un objetivo común, en este caso la supervivencia y reproducción.

Para ello, no solo necesitan la programación de su ADN, sino también sistemas de comunicación entre ellos.

Los millones de bacterias, hongos y demás microorganismos de nuestro cuerpo, incluidas nuestras células humanas, se comunican entre ellos con distintas señales químicas pero que a nivel cuántico son siempre vibratorias, eléctricas y electromagnéticas.

Sinapsis, comunicación entre neuronas.

Esto conforma una inteligencia colectiva, que de algún modo también se comunica con esa “persona” o ser, que llamamos la consciencia del yo.

El superorganismo, nuestro cuerpo, envía mensajes de su inteligencia, su estado y su intención, mensajes para que sean percibidos por esa conciencia que llamamos “yo”. A ello le llamamos “sensaciones“.

Si cuando pilotamos un coche, la palanca de cambios, el freno, el embriague, el acelerador y el volante son las interfaces por las cuales el piloto se comunica con el coche, la conciencia del “yo” envía señales al cuerpo a través del pensamiento y la actitud, y el cuerpo envía señales a través de las emociones, que se convierten en nuestras sensaciones.

Todos esos seres que nos forman, utilizan canales de comunicación emocionales para transmitirnos su estado y sus intenciones.

Así el dolor, el miedo, la alegría, son señales emocionales que indican a su vez el estado estigmérico de todo el superorganismo, de toda la consciencia colectiva de nuestras colonias de microorganismos, al Ser, a la conciencia… (el yo, o la singularidad, tal y como lo concibas tú a tu manera y con tus creencias) .

Las emociones están diseñadas para transmitirse. Son un lenguaje, un conjunto de señales de comunicación pro-acción.

Ese lenguaje tiene la capacidad de transmitirse rápido y de una manera muy eficiente no solo entre los microorganismos que nos forman, sino también entre el superorganismo entero y el resto de seres vivos con los que estamos en contacto.

NOS TRANSMITIMOS ENTRE TODOS EL “ESTADO ORGANICO”.

¿Para qué sirve esta función?

Toda emoción tiene una forma de ser transmitida. Cambiamos los gestos de la cara, cambiamos el color (nos sonrojamos o nos ponemos pálidos) cambiamos la postura del cuerpo. Este mismo proceso lo podemos ver en todos los seres vivos. Todos, entre todos, se transmiten el “estado”.

Esta función ha sido diseñada para la auto-regulación de una unidad de seres vivos llamada biomasa, lo que conforma una de las capas de la Tierra: la biosfera. Así que tú, eres la biosfera. Eres parte de lo vivo y estás comunicad@ y sincronizad@ con toda a biomasa.

Para que el planeta entero pueda auto-regularse, necesita de una sincronicidad entre las especies que conforman la biomasa, y esa sincronicidad y a veces la transmisión de señales a tiempo “record” se lleva a cabo a través de otro diseño evolutivo, una mente no local llamada Noosfera. Un campo de transmisión de información evolutiva y principalmente para la auto-regulación de todo lo vivo.

La auto-regulación u homeóstasis (función básica de todo ser vivo) es indispensable para la adaptación a los cambios medioambientales.

La Catarsis

Habiendo entendido este proceso, ahora podemos seguir hablando de otro concepto que es el de la limpieza y optimización de los canales emocionales (para que no haya “ruido” o incoherencia en la transisión de esas señales).

Los canales emocionales naturales en el ser humano, han sido y siguen siendo obstruidos e interceptados por la educastración y la programación mental al que nos vemos sometidos en los sistemas de dominación y consumo en los que vivimos.

El “estado” de todas esas colonias conformando la inteligencia colectiva de nuestro cuerpo, debe usar los canales de expresión de su propio lenguaje, no solo para que nosotros seamos conscientes del estado de nuestro cuerpo, sino para que los otros seres vivos que conviven con nosotros puedan sincronizarse para la auto-regulación que permite un estado óptimo global de la biosfera.

Pero para que la información fluya en esos canales y se exprese (llegue a los receptores de dicha información) deben estar libres, desbloqueados.

catarsis Colectiva, un recurso indispensable para limpiar los canales de comunicación.

Un ejemplo de bloqueo en los canales emocionales e intercepción para propiciar  una sensación determinada es la culpa. El organismo humano no tenía un circuito preparado para sentir culpa. No existía una razón biológica o evolutiva para generar dichos circuitos. Sin embargo la culpa se introdujo en la conciencia humana a través de las religiones y los dogmas, como un método de control conductual social.

El sentimiento de culpa es como un virus que habita en los canales emocionales, rompiendo el código del lenguaje de la inteligencia colectiva.

Es una “sensación” cuyo correlato biológico es la inmediata bajada de niveles de defensas en el sistema inmunológico y el bloqueo de los canales de expresión de la información emocional.

La culpa se nos introduce a través de estrategias de control social, y afecta al devenir de la inteligencia colectiva, propiciando que la vergüenza, el miedo al qué dirán y la baja auto-estima, impidan que podamos expresar nuestro estado en forma correcta, clara y coherente al resto de los seres vivos.

El proceso de la catarsis, fue observado ya por Aristóteles en las representaciones teatrales de la antigua Grecia, pero en este caso era una catarsis indirecta…era el personaje, el actor, el que representaba las emociones, logrando de alguna manera que el espectador pudiese experimentar en sí mismo, esta función básica de todo organismo vivo: el sentir y transmitir lo que se siente.

El teatro así, fue una forma de que se abandonaran paulatinamente las funciones básicas catárticas humanas: la danza tribal, los cantos colectivos, etc. y se trasladaran al dominio exclusivo de los actores.

De hecho, este proceso llegó al punto de que la televisión, el cine, o la realidad virtual y el espectáculo, hagan un uso premeditado de esta función básica, donde las emociones son dirigidas desde el medio, haciendo que el espectador “sienta” determinadas sensaciones que no se sincronizan con el momento presente, dirigiendo su biología desde los medios de comunicación y entretenimiento.

Por lo tanto cuando estamos en el cine viendo una película de terror, nos contagiamos el miedo en un momento en el que no existe un miedo real, sino uno ficticio, pero nuestro organismo responde como si fuese real, y vuela la adrenalina en el ambiente creando una situación biológica manipulada desde el exterior y que no se condice con la situación biológica real de adaptación al medioambiente.

Nuestros canales emocionales ahora mismo están interceptados, bloqueados y manipulados por quienes gobiernan día a día nuestra conducta.

Para limpiarlos, para que puedan volver a estár en capacidad plena, para ser utilizados realmente para lo que fueron diseñados, la CATARSIS COLECTIVA es un método rápido y efectivo.

Tenemos muy pocas posibilidades de practicar catarsis colectivas.

En un tiempo en la Argentina, cuando los gobiernos de facto sometían con su bota a los ciudadanos y les impedían vivir en paz, alguien dijo “si la población no pudiese ir a gritar y cantar todos los domingos a la cancha y descargarse con ello, se armaría una guerra civil“.

De hecho, las fiestas populares que propician las catarsis colectivas como el Carnaval, han sido prohibidas por varios gobiernos de facto para evitar los procesos de inteligencia colectiva.

Como esos canales emocionales están interferidos, bloqueados o infectados de información tendenciosa, la práctica asidua de catarsis colectivas nos asegura una buena salud biosférica.

El humano ha utilizado desde tiempos ancestrales la danza y el canto tribales, para limpiar los canales emocionales y mantener un lenguaje común y sincronizado entre todos los individuos y sus superorganismos.

Pero hoy, hemos dejado de bailar en catarsis y limitar el baile a reductos de consumo (por suerte Brasil sigue siendo un país habitado por una de las culturas que sigue utilizando en algunas regiones, la danza espontánea en las calles, en cualquier momento y en cualquier lugar, además de ponerse la gente a hacer música percutiendo hasta los asientos de los buses públicos cuando se les da la gana.) hemos dejado de cantar en grupo, o de simplemente celebrar la vida riendo.

La risoterapia es una herramienta maravillosa de catarsis colectiva, y también lo son los conciertos de música en los que el artista impulsa al público a compartir la experiencia desde la expresión libre de las emociones.

Danza tribal en Zenzíbar.

Nos ponen coto a la expresión y lo aceptamos. Un cuerpo humano reacciona a la música con ganas de bailar, de moverse… “e-moción”.

Pero en la actualidad somos nosotros mismos, corderos degollados, que si vemos a una persona bailando o canturreando por la calle, dejándose llevar por la mismísima naturaleza que impulsa escuchar un ritmo…lo vemos como ridículo. Nos parece que “está loco/a”…

Una reacción lógica de nuestro superorganismo al recibir una vibración rítmica, ¿cómo es que se ha convertido en algo “tan fuera de lugar”?.

En cambio, ahora pagamos una entrada para ir a bailar o hacemos grandes esfuerzos para competir en cientos de concursos donde se nos exige “bailar o cantar mejor que los demás”. En esos ámbitos, la verdadera catarsis y la expresión coherente de nuestras emociones no es posible, sino todo lo contrario. Las personas se estresan, la pasan muy mal al tener que competir o demostrar ante jurados sus “habilidades”. En las discotecas, muchos deben consumir substancias para lograr la deshinibición y lograr expresarse, que es nuestra naturaleza.

Bailar, hacer música, cantar…algo tan humano y ancestral que hemos practicado durante millones de años…ahora solo queda reducido a los ámbitos artísticos o de consumo. Como si solo los artistas tuviesen “permiso” para realizar procesos que son funciones básicas del organismo humano.

Hemos permitido (y otras veces no nos ha quedado otra alternativa porque nos amenazaban) que se censure la expresión, la función básica social de toda manada, de comunicar el estado orgánico a todo el resto en tiempo real.

He comenzado a estimular la catarsis en mis presentaciones, no siempre, pero en situaciones puntuales donde mis incursiones me permiten intuir la capacidad de la audiencia presente para soltarse y largar para afuera. Existe un miedo instintivo en casi todas las personas para “soltarse” públicamente, pero al rato, explota esa necesidad biológica que todos llevamos tan reprimida.

En todos los casos, ha sido una experiencia maravillosa comprobar cómo se transforma el estado de las personas luego de una catarsis. Las espaldas están más rectas, desaparecen los ceños fruncidos, hay un estado de relajación que se puede sentir en el ambiente, y un bienestar colectivo que no tiene precio. En la actualidad podemos medir científicamente, todos estos parámetros orgánicos con la tecnología EPI/EPC que utilizamos en el Proyecto Uniendo la Ciencia con el Arte y con muchos otros apartos de medición.

La expresión artística y la catarsis colectiva, pueden tener la apariencia de entretenimiento…pero ya muchos saben por experiencia propia, que estas manifestaciones de nuestra naturaleza gregaria, son  mucho más que eso.

Y Más:
Estudio sobre la Catarsis Social. Revista Mexicana de Sociología.

Televisión y Catarsis.

Freud and the Greeks
(en inglés)

La Catarsis. Investigaciones de conducta colectiva..
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